16 jun 2014

¿Qué quiere tomar?

De verdad que no termino de salir de mi asombro en estos últimos días. Uno que ya pensaba que lo había visto casi todo, se cae del caballo como Saulo, cuando ve, lee y escucha lo que opinan viejos socialistas sobre Podemos, sobre las conquistas populares a base de echarse a la calle y las comparaciones obsesivas con el régimen bolivariano, que lo repiten cual mantra una y otra vez.

Muchos recordamos las movilizaciones a las que nos convocaban en la facultad “Isidoro”, después de Suresnes, Santiago Carrillo –aún con peluca- y, entre otros el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza, que es como nos etiquetaba eufemísticamente la UGT a los universitarios. Muchos también estábamos a punto de olvidar las cargas despiadadas de los grises, de los Guerrilleros de Cristo Rey, de los Falangistas valerosos, de los cachorros de Fuerza Nueva, entre cualquier descerebrado más… Las movilizaciones de obreros, estudiantes y demócratas de todo tipo y condición, tomábamos las calles y todo lo que nos “daban” los grises, porque no había otra forma de despertar conciencias. Porque no es que bregábamos por tendencias ideológicas dispares. Entonces sólo había dos opciones: o eras franquista, o eras rojo, aunque siempre hubo demócratas de derecha –pocos-, monárquicos liberales –algunos-, republicanos ambidiestros, comunistas y socialistas. Todos éramos rojos.

Los movimientos de masas pretenden despertar a los gigantes dormidos y que reaccionen –bien-, caso que nunca se dio con el militar que mandaba –que si reaccionaba, siempre era mal-. Hoy estamos en las mismas ante el “ombligueo” de los dos partidos acostumbrados a la alternancia a base de yo, o el diluvio. El antaño Isidoro, luego Felipe González y ahora metamorfoseado en “copito de nieve”, pone el grito en el cielo ante la eclosión fantástica y esperanzadora de nuevos partidos, básicamente de izquierdas. Y todos con el mantra bolivariano, que son un bluf, que no van a llegar a ningún lado, etc. etc… Lo mismo que decían los franquistas, personas de ley, de orden y de mayorías silenciosas por la gracia de dios. Le gente de izquierdas se acuerda perfectamente del obrerismo y de cuando en las reuniones clandestinas del PSOE se nos decía que “los intelectuales” –y estábamos en primero de carrera-, no servíamos ni para llevarles el botijo, porque quien no se mancha las manos no trabajaba. Qué cosas ¿eh?.

Ahora, cuando el personal de toda edad, clase y condición, toma las calles, algunos porque no pueden tomar otra cosa, además del “calentamiento parcial” de los grises camaleonados en azulón, son vejados, insultados, desprestigiados y ninguneados, sin darse cuenta que ellos son el futuro; su futuro. Queda épico decir que los viejos roqueros nunca mueren, pero si tienen la cabeza en su sitio, hacen lo que Miguel Ríos, que siempre será lo que siempre fue, grande, pero haciéndose a un lado para no frenar a los que vienen alcanzándole.

El PSOE, como pollo sin cabeza, va del negro al blanco: Rubalcaba que se va para volver a volver, primarias abiertas, primarias cerradas, no hay primarias, congreso extraordinario con nombramiento digital incorporado… Y claro los militantes y simpatizantes van como locos de un lado a otro desconcertados.

La calle no da mayorías, ni anula Constituciones. La calle quiera despertar a los gigantes con pies de barro. Quiere, al menos, que se les escuche, como quisimos muchos de nosotros hace más de cuarenta años. Los jóvenes de ahora mismo, el primer presidente que recuerdan es, como mucho a Aznar o a Zapatero ¿qué les contamos de “nuestra Transición”? ¿Nos consideramos “todos los españoles”? ¿Fuimos infalibles como el Papa…?

Pues el punto 1 del Art. 92 de la Constitución de 1978, lo explica perfectamente. Pedir un referéndum, no es nada más que hacer lo mismo que nos dice un camarero cuando vamos al bar: -“¿Qué quiere tomar?” y uno elige. Así de fácil. Además, que por lo que se oye por ahí, de no cambiar las cosas, el asunto de la coronación va a ser lo más parecido a un barbacoa en un centro vegetariano. Por no decir, ni han confirmado la fecha, que si es la del 19 de Junio, el mismo día que el Borbón Felipe V, abrasó Xátiva, han “estao sembraos…”

Al parecer, como quieren ser tan “cercanos y campechanos” y por mor de los recortes, que por no ir, no va a ir ni el padre de Felipe, los tres o cuatro que vayan del barrio, se llevarán la silla y el bocadillo de casa. “Pipe y Leti”, por la cercanía se les llama ya así, pondrán la ensalada, la bebida y el café (y si se estira la madre –de ella-, igual ponen cacaos).



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10 jun 2014

Yo no soy heredable, Señor

Juan Carlos I Rey, como la primavera pero al revés, se ha ido y nadie sabe cómo ha sido. Nunca, un poco también por genética, he sido monárquico. Ni políticamente, ni en mis juegos infantiles me gustaban los reyes, con excepción de SS.MM. los Reyes de Oriente, de los que sigo sintiéndome súbdito y fan.

Los otros reyes, emperadores o caudillos, me asustaban un poco porque eran todo poderosos y hacían, además de su capa un sayo, el derecho de pernada, el disponer de las vidas y las haciendas de sus vasallos y todo lo que les daba su real gana. El primero que me ayudó a entender que no era solo a mí a quien acojonaban los reyes malos de Oriente y de Occidente fue Pedro Crespo, que además de llamarse como el abuelo de una novia que tuve, fue el alcalde de Zalamea cuando Don Lope le dice: -“¿Sabéis que estáis obligado a sufrir, por ser quien sois, estas cargas?” y Pedro Crespo va  y le contesta: -“Con mi hacienda; pero con mi fama, no; al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios”. ¡Qué qué! Este episodio me abrió una ventana a modo de escurridera, que me podría permitir si me viera en una igual, repetir como un mantra esta frase de D. Pedro Crespo y pirarme, o si no, al menos, darme preso con honor.

Luego mi padre me explicó en una abrasadora tarde de verano en la Serranía de Cuenca, lo que pasó en la sangrienta, despiadada y cruel masacre de Almansa, llevada a cabo el 25 de Abril de 1707 por James Fitz-James Stuart, bajo el mandato de Felipe V, con su ejército formado por veinticinco mil hombres. Batalla que cambió el curso de la historia del antiguo reino de Valencia y, por extensión, de la historia de España, arrojando un saldo de ocho mil muertos y tres mil prisioneros, para “honra y gloria” de Felipe de Borbón.

Así se me antojaban a mí las monarquías y los reyes. Ya no es que no me gustaran, es que me caían fatal. Muchos pueden decir que eso era en el siglo XVIII y tienen razón, pero el último rey que arrasó mi tierra, mis Fueros, mi moneda, mi lengua y mi libertad, era un Borbón y, además, se llamaba Felipe V…

Pero tienen razón, era una monarquía absolutista, beligerante, machista y que exprimía a sus vasallos y súbditos como limones, sin importarles una higa. No como ahora en pleno siglo XXI… Pero yo me pregunto: ¿por qué sigue en vigor la Ley Sálica. Por qué hereda la corona el primer hijo y no la primera hija? En todo caso, ¿no sería más normal el primer hijo de la primera hija? Pero como esto es un galimatías y estoy mayor para estos menesteres, me sigue pareciendo mal considerarme como un objeto heredable por vía vaginal. Es decir, que por vía vaginal nace un señor que hereda el reino y sus habitantes. Y me molesta, no la vía vaginal, sino ser como el trabuco de mi abuelo o el cuadro de un señor con bigotes que va de mano en mano y de trastero a trastero, cada vez que se muere alguien en la familia y que ya nadie sabe ni quién es. No. No quiero ser ese señor de bigotes y menos de un Borbón.

En el ’75 era, o militares o el huevo Kinder de la Democracia que llevaba dentro un rey. Y todos, bueno casi todos, nos tiramos a por el Kinder aunque llevase dentro un mojón. Luego, el Borbón perjuro (de los Principios del Movimiento Nacional), y saltador de la Línea Sucesoria (Don Juan), se encuentra con que la Democracia le puede asegurar, mejor que los militares su empleo, y utiliza a Suárez como le viene en gana hasta que, como sus antepasados, le exprimió como a un limón.

Felipe VI, le debía echar valor y sacudirse el estigma de ser el sucesor del último dictado de Franco y ser, Él mismo, quien pidiera el Referéndum que le legitime, o no, en el trono. Mientras tanto, con todos mis respetos, su bandera nunca será la mía. Señor.   

3 jun 2014

Queremos, Podemos y Debemos

Los partidos y sus políticos ya han empezado su particular maratón y sus travesías del desierto, con la meta puesta en la primavera del 2015. Algunos ya han estado calentando y estirando en el entrenamiento de las elecciones que culminaron el pasado domingo con resultados espectacularmente satisfactorios o no, en función de la hinchada que les animó en forma de voto. A algunos les tiemblan las piernas de la debacle de verse privados de apoyos que creían inasequibles al desaliento. A otros les tiemblan las piernas al verse en el pódium sin tan siquiera haber sudado la camiseta, ni haber entrenado apenas.

Hasta el domingo bien entrada la noche, hubo gente que ni se habían enterado de que había más partidos que los tres o cuatro clásicos “de toda la vida”, y en eso llegó Fidel, como dice la canción. Pablo Iglesias, el de su nombre en calles y plazas y linotipista de oficio no, el nuevo, que con un golpe en la mesa, hizo tambalear todo el frágil castillo de naipes de los partidos clásicos. Un poco comparándose con el Éibar y su ascenso a Primera. - “¿Podemos? ¿Qué es eso de Podemos…?”

Lo que el domingo y el lunes fue sorpresa ante una formación joven, ilusionante, acaparadora de los que menos esperanza tienen en el actual sistema y de a los que les han quitado casi todo menos la dignidad y la capacidad de expresarse en las urnas, a personas jóvenes que ven como les han ido segando la hierba bajo sus pies en las facultades. Jóvenes que han tenido que dejar de estudiar por la terrible situación laboral y económica de sus familias y la imposibilidad de conseguir una beca. A ellos, ahora, han empezado a despreciarlos. A llamarlos frikis y a compararlos, atención señoras y señores, con la extrema derecha francesa y al triunfo electoral de Hitler… Los jóvenes en nuestro país están jodidos, y no es una invención de nadie, hasta el Papa Francisco, a su vuelta del viaje a Tierra Santa, en la rueda de prensa que dio en el avión, puso como ejemplo de una sociedad economicista deshumanizada, que en España hubiese un 50% de jóvenes sin empleo y que en Andalucía el porcentaje alcanzaba el 60%... Los jóvenes que estaban anestesiados y deprimidos ante la distancia y falta de comprensión de los representantes de los partidos clásicos, los jóvenes que no se veían representados en unas personas que parecen sus abuelos y abuelas, que jamás saldrían de cañas con ninguno de los políticos de los partidos “de toda la vida”, querían dejarse oír, dejar de ser sujetos pacientes para plantar los cimientos de su mundo, de sus inquietudes, de su futuro que les estábamos ennegreciendo elección tras elección. Los jóvenes se levantan un 15 de Mayo y quieren y deben cambiar las cosas tal y como se las hemos dejado los mayores. Pero no les dejamos y ellos no podían. Bastó que aparecieran otros jóvenes que decidieron decir que, si queremos y además debemos, podemos. Y Podemos ha sido como la parábola del grano de mostaza, como el copo de nieve que rodando rodando forma una inmensa bola que derriba todo lo que a su paso se pone. Podemos es el grito reconstruido y globalizado de nuestro Mayo del ´68. Se han movilizado con las herramientas que manejan y tienen a su alcance, las redes sociales, como nosotros hacíamos con las Ciclostil y las panfletadas. Nosotros corríamos delante de los grises y ellos corren delante de los azules, pero el espíritu de Podemos es nuestro mismo espíritu revolucionario, transgresor, inconformista y destructor de estructuras obsoletas, rancias y llenas de ancianos que les da igual cómo sea el futuro, porque ellos ya lo han alcanzado. El futuro de los políticos mayores, es el presente de nuestros jóvenes y de Podemos. Y su futuro, será el que una vez fue nuestro a principio de los ´80.

Nuestro futuro, el de los mayores, ya está amortizado y ni Rubalcaba, ni Rosa Díez, ni Cospedal, ni Lara pueden sintonizar con jóvenes vivos y ansiosos de profundas reformas porque, entre otras cosas, es imposible. Las personas queremos, Podemos y además, debemos.



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